Listado de cuadros

   En esta sección expongo lo último de mi obra pictórica, dedicada esclusivamente al mundo de la Marina Española del S.XVIII.

   Quiero explicar que antes de pintar un cuadro siempre efectúo un exaustivo trabajo de investigación para que el modelo representado refleje la realidad lo más exactamente posible, o al menos ese es mi objetivo. De esta manera procuro paliar modestamente la endémica falta de imágenes que de esta parte de nuestra Historia adolece nuestro país.

   Quiero decir que mi pintura también puede verse en www.todoababor.es, considerada la mejor página web de historia naval en español.

   Confío en que os gusten.

Clica en "Galería de imágenes" del menú rojo arriba a la izquierda y podrás ver algunos de los cuadros a mayor tamaño.

   Os presento  el nuevo libro recopilatorio sobre mi obra a cerca de la Real Armada del S.XVIII.
   El libro recoge los cuadros con los bocetos , detalles y textos descriptivos de cada una de las escenas representadas en castellano y en inglés.
   Consta de 140 páginas a todo color en papel couché mate con 96 imágenes en color y 50 en blanco y negro.
   Formato apaisado tamaño A-4.
   Tapa dura.

 

   I present you the new compilation book of my work about the Real Armada of the eighteenth century.
The book collects the pictures with the sketches, details and descriptive texts of each one of the scenes represented in Spanish and English.
  It consists of 140 full-color pages on matte coated paper with 96 color images and 50 black and white images.
  Landscape format size A-4.
  Hard cover.

“Salvador del Mundo”
   El navío de línea de primera clase y 112 cañones Salvador del Mundo.
   Este soberbio navío de la clase Romero de Landa botado en Ferrol en 1787 fue uno de los barcos de la escuadra que se preparó en previsión de la guerra que estaba a la vista contra el Reino Unido por motivo de los incidentes de la isla de Nutca.
   Durante la primavera-verano de 1789 Don José Martínez, cumpliendo órdenes del Conde de Floridablanca, comandó una expedición de reconocimiento de esos territorios reclamados por España para su posterior ocupación y colonización, y frenar así la expansión rusa desde Alaska. Al llegar a la isla de Nutca descubrió que los ingleses se estaban preparando para establecer un asentamiento permanente siendo expulsados y sus barcos apresados y mandados a Nueva España. Esto provocó casi la guerra por lo que ambas naciones se apresuraron a aprestar sus flotas para el conflicto. Afortunadamente la cosa no llegó a mayores pues la tensión se relajó por la llamada Convención de Nutca, conjunto de tres tratados que resolvieron las diferencias.
   En la imagen vemos al Salvador del Mundo en 1790 listo para la guerra, con insignia del brigadier Don Jacinto Serrano.

“Corsario”
     Escena de un falucho corsario acosando a un bergantín de guerra inglés en el estrecho de Gibraltar con el peñón al fondo. El barco español enarbola la bandera de corso que se adoptó a partir de 1785, era igual que la mercante pero con el escudo del rey incluido.
   La actividad de corso era muy común en esos tiempos siendo España uno de los países que más éxitos consiguió con esta práctica, complementando la labor de la Real Armada al acosar sin descanso  a los barcos de las potencias enemigas en ese momento.
   El corso era una práctica tan lucrativa que todo aquel que poseyera un barco lo suficientemente grande y robusto, además de una buena dosis de valor, podía generar grandes beneficios para sus bolsillos a pesar del “quinto real” que debían entregar a las arcas del rey. El "quinto real" o "quinto del rey" equivalía al veinte por ciento del valor de lo capturado. En cualquier caso las ganancias podían ser inmensas, claro que también se corría el riesgo de ser a su vez muerto en combate o apresado, y pasar el resto de la guerra en una prisión enemiga acabando arruinado al final.

“Navío África”
   El África de tercera clase y 74 cañones, el primer navío de la clase Jorge Juan y tercero en llevar ese nombre, construido y botado en el arsenal de La Carraca en 1752.
   Se dio la circunstancia de que entre 1756 y 1759 se batió la marca de producción de cañones en la Real Fábrica de Artillería de La Cavada, complejo industrial situado en Cantabria dedicado a suministrar toda la artillería de hierro que España y su imperio demandaban. No sólo su producción se consideraba en cantidad sino en calidad, los cañones de La Cavada fueron los mejores del mundo durante casi 130 años ya que, sin saberlo en la propia factoría, no fabricaban cañones de “fierro colado” sino de “fundición gris”. Esto significaba que, en la aleación resultante después de años de investigación mediante la primitiva técnica de ensayo-error, habían conseguido un material compuesto por un 96% de hierro y un 4% de carbono, lo que daba a las piezas una elasticidad que las de hierro colado puro no tenían. El hierro colado era muy duro pero a la vez muy frágil lo que provocaba que cuando los cañones se disparaban de forma continuada en ocasiones explotaran por la culata matando a los artilleros. Esto no sucedía con nuestra artillería, los cañones españoles no reventaban nunca porque si alguno de ellos salía defectuoso avisaba antes mostrando grietas y deformaciones que permitían a las dotaciones desechar la pieza y sustituirla por otra nueva. Otra ventaja fue que se consiguió reducir el peso de las piezas en un 35%, un cañón de cualquier otra nacionalidad de a 24 pesaba unas cuatro toneladas, uno español tres, con la ventaja que esto suponía a la hora de embarcar artillería.
   El cuadro refleja las pruebas de artillería realizadas por el navío África que se mantiene quieto con las velas en facha disparando sus cañones, mientras un bote ha sido echado al agua con un oficial para observarlo todo desde fuera del navío. Se efectuaron 1.000, 900 y 300 disparos con sus cañones de 24, 18 y 8 libras respectivamente, no advirtiéndose anomalía alguna en ninguna pieza.

“Su último combate”
   Cuadrito sobre tabla de madera.
   El 5 de octubre de 1804, después de casi dos meses de travesía desde Montevideo, aparece ante los ojos del brigadier Don José de Bustamante y Guerra, el mismo que acompañó a Malaspina en su periplo de exploración por el Pacífico unos años antes, la costa del Algarve a la altura del cabo de Santa María, así como una división de cuatro fragatas inglesas (Medusa, Indefatigable, Amphion y Lively) navegando directamente hacia la formación que comandaba, también compuesta por cuatro fragatas (Fama, Medea, Mercedes y Clara). A pesar de la situación de paz entre España e Inglaterra en esos momentos Bustamante, hombre de gran experiencia, ordenó zafarrancho de combate en la medida de lo posible ya que, debido a la cantidad de mercancías que abarrotaban las cubiertas, muchos de sus cañones se encontraban abretonados e imposibilitados para el combate. Los ingleses conminaron a los españoles a entregar las cuatro naves, a lo que Bustamante obviamente se negó, en ese momento rompieron el fuego siendo respondido inmediatamente por las cuatro fragatas españolas.
   Hay que señalar que las naves inglesas, aparde de que contaban con toda su artillería operativa, tenían un peso de andanada superior ya que montaban cañones de 18 libras frente a las 12 de los españoles, además la fragata insignia inglesa, la Indefatigable del comodoro Graham Moore, era en realidad un navío de línea rebajado con cañones de a 24.
   La lucha fue tan desigual que Bustamante tuvo que rendir sus fragatas después de tres horas y media de persecución y cañoneo, lamentando además la voladura de la Mercedes al poco de comenzar el combate, fruto de un disparo de la Amphion inglesa que alcanzó su santabárbara. Las tres fragatas restantes fueron conducidas a Gibraltar y después a Inglaterra. Como consecuencia el 14 de diciembre España declaró la guerra al Reino Unido.
   La escena representa a la desdichada Nuestra Señora de las Mercedes justo antes de saltar por los aires, batiéndose contra su superior rival que cortó la línea española para atacarla desde sotavento. Murieron 249 personas, entre tripulantes y civiles. Al fondo se ve a la Lively que se bate contra la Clara tapada por la Amphion y el humo, ambas a retaguardia del combate.

“De vuelta a casa”
   El navío Santa Ana siendo atoado por la fragata francesa Thémis rumbo a Cádiz después del combate de Trafalgar del 21 de octubre de 1805.

   Desarbolado y su casco acribillado fue capturado por los ingleses después de su épico combate a tocapenoles contra el Royal Sovereign de Cuthbert Collingwood. Su comandante Don José de Gardoqui, después de dos horas y media de constante cañoneo, tuvo que arriar su pabellón rodeado por varios navíos enemigos que le atacaban por todas partes, no sin antes haber dejado al navío de Collingwood en tan mal estado que el almirante inglés tuvo que transbordar su insignia a la fragata Euryalus. El propio Collingwood escribió que cuando se abarloó con el Santa Ana para combatirlo el navío español destacaba sobre su propio barco como un castillo, y es que los tres puentes españoles de la clase Romero de Landa eran auténticos gigantes.
   El Santa Ana fue tomado por los ingleses pero al día siguiente la propia tripulación española se hizo con el control del navío reduciendo a la dotación de presa que intentaba marinarlo. Dos días después del combate y vapuleado por el temporal se le acercaron el navío Rayo y la fragata Thémis, que le tiró un cable dándole remolque hasta Cádiz. La propia tripulación del navío español montó unas bandolas como aparejo de fortuna para ayudar a la fragata en su pesada tarea.
   Fue reparado en el arsenar de La Carraca quedando listo en diciembre del año siguiente. En 1808 no pudo participar en la captura de la flota francesa del almirante Rosilly en Cádiz por estar siendo carenado en firme. Viajó dos años después a La Habana en conserva del Príncipe de Asturias y el inglés Implacable donde permaneció hasta su hundimiento por falta de mantenimiento en 1816.

“Dos carabelas y una nao”
   Miniatura sobre tabla de madera.
   Tres hechos fundamentales tuvieron lugar en la Historia de España en 1492, el fin de la Reconquista con la caída del reino de Granada, la publicación de la primera gramática española de Antonio de Nebrija, y el descubrimiento de América. Este último acontecimiento encierra el que provablemente haya sido el viaje de navegación más importante de la Historia, cuando tres pequeños barcos, una nao y dos carabelas, se adentraron en el Atlántico siguiendo el camino del sol.
   La Pinta, la Niña y la Santa María fueron los nombres de las naves de aquella expedición que cambiaría la historia del mundo, y Cristóbal Colón, cuyo lugar de nacimiento es incierto, quien dirigió tal empresa.

“Embocando la bahía”
   Miniatura sobra tabla de madera en la que se ve al Santísima Trinidad recién botado y alistado en la Real Armada volviendo a La Habana después de su primera salida a la mar. Construido en principio  con tres puentes y 116 cañones, más adelante se le remontaría a 130, 136 y 140 piezas de artillería en sucesivas reformas, siendo el barco de guerra de mayor tamaño y más artillado de su tiempo.
  Aquí lo vemos navegando en conserva de un bergantín y una balandra, que recogiendo trapo enfila el canal de entrada a la bahía habanera entre el Castillo de San Salvador de la Punta, al fondo a la izquierda, y el Castillo de El Morro, en primer término a la izquierda, mientras algunos soldados de su guarnición observan su impresionante porte.

"Entrando en Cádiz"

   Miniatura sobre tabla de madera que representa a un navío de tercera clase y un bergantín arribando a Cádiz. A la derecha de la imagen se ve el castillo de San Sebastián, al fondo la ciudad con la catedral y un sinfín de barquitos pululando por la bahía.

“Yo solo
   Este fue el lema que Carlos III concedió a Bernardo de Gálvez para colocar en su escudo de armas tras su victoria contra los ingleses en Pensacola, culminando así la conquista de la Florida Occidental durante la Guerra se Independencia de la trece colonias americanas.
   Vemos al bergantín del general español, el Gálvezton, penetrando en la bahía de Pensacola entre la isla de Santa Rosa y el fuerte inglés de Las Barrancas, batiéndolo con su artillería y recibiendo valientemente su nutrido fuego.
   El 18 de marzo de 1781 el general Gálvez se adentró con su bergantín más la balandra Valenzuela en la bahía de Pensacola (entonces Panzacola) dando ejemplo al resto de la escuadra, provocando así que ésta le siguiera en contra de la opinión del jefe de las fuerzas navales, general Don José Calvo de Irázabal, que se oponía a forzar la entrada ya que en un primer intento el 9 de marzo, debido a la angostura de la misma, había encallado con su navío insignia San Ramón de 64 cañones. De esa manera las motivadas fuerzas españolas tomaron posiciones por mar frente a la ciudad.
   El 19 de abril llegó de Cádiz una escuadra de 19 navíos y unos 7.000 hombres de refuerzo con lo que Gálvez pudo comenzar el asalto a la ciudad. La batalla se prolongó hasta el 9 de mayo cuando el general inglés John Campbell iza bandera blanca después de que una granada española reventara el polvorín del castillo “Fort George” provocando una descomunal explosión. Al día siguiente se izaría la bandera española en la plaza.
   Los ingleses sufrieron 150 muertos, 400 heridos y 2.200 prisioneros. Las tropas españolas contaron con tan sólo, 80 muertos y 200 heridos, una gran victoria.

“Los primeros en la Antártida"”
   El navío San Telmo perdido entre los hielos de la Antártida, con la arboladura deshecha, las velas rifadas, sin gobierno y siendo atoado por las lanchas hacia una desconocida tierra a proa.
   El 11 de mayo de 1819 zarpa de Cádiz una división compuesta por las navíos de 74 cañones San Telmo (insignia y comandado por el Capitán de Navío Don Rosendo Porlier) y Alejandro, junto con la fragata Prueba de 34 cañones y la mercante Mariana. Su misión era reforzar a las tropas realistas contra los insurgentes en el Virreinato del Perú para intentar cortar las ansias de independencia en esas latitudes, aunque la cosa no iría bien. Ya de camino el navío Alejandro tuvo que dar la vuelta y regresar para reparar, ya que debido a su lamentable estado corría peligro de irse a pique, este navío fue uno de los que se compró a Rusia un tiempo atrás. Los tres barcos restantes continuaron hacia el Cabo de Hornos después de recalar en Río de Janeiro y Montevideo. Justo entonces la división es vapuleada por una tormenta tras otra haciendo que abata hacia el sur y siendo dispersada. El 2 de octubre la Prueba llega al Callao, y una semana después la Mariana tocaría puerto. El comandante de ésta informó que su último contacto con el San Telmo fue el 2 de septiembre, cuando lo vio sometido a un gran castigo por el temporal y empujado al sur sin gobierno. Esa fue la última noticia que se tuvo del navío y de sus desdichados 644 hombres a bordo.
   Un año después, el británico William Smith a bordo del bergantín Williams informó del descubrimiento de los restos de un navío español de 74 cañones embarrancado en la isla del Rey Jorge, en las Sethland del Sur.
   Si Don Rosendo Porlier y sus hombres hubiesen conseguido volver a puerto con su maltrecho navío habrían pasado a la Historia como los descubridores de la Antártida.

“Combate en Cienfuegos”
   Durante la Guerra de Cuba no todo fueron derrotas, a pesar de lo que se piensa. Hay una serie de combates olvidados que acabaron con el triunfo de nuestras armas. Si bien estas modestas victorias fueron eclipsadas por la derrota de Santiago de Cuba y la rendición final es justo que se saquen a la luz, como el caso que nos ocupa.
   Animado por el historiador e investigador naval Santiago Caro he pintado la acción que se desarrolló durante el 13 de junio de 1898 frente al puerto de Cienfuegos cuando el pequeño cañonero Diego Velázquez, comandado por el Teniente de Navío de Primera Clase Don Juan de Carranza y Reguera, se enfrentó al crucero auxiliar americano Yankee de mucho mayor porte y armamento.
   Eran las 12,30 cuando Carranza, después de dejar atrás el canal de Cienfuegos con su barco en zafarrancho de combate, se lanzó valientemente contra el enemigo para cortarle el paso. El Yankee era un crucero auxiliar de 6.900 toneladas de desplazamiento armado con diez piezas de 127mm y seis de 57mm, al que los españoles iban a combatir con su cañonero de 200 toneladas y cuatro piezas, dos de 57mm y dos de 37mm. Carranza enfiló directamente hacia el enemigo haciéndole creer que estaba provisto de tubos lanzatorpedos y provocando que éste maniobrara para evitar su supuesto lanzamiento. El comandante español dio órdenes de maniobrar en zigzag y cambiar de velocidad para dificultar los cálculos de los artilleros americanos. A eso de las dos de la tarde el Yankee abrió fuego quedando su andanada larga. Seguidamente el Diego Velázquez respondió con su artillería, ofreciendo constantemente el menor blanco posible al enemigo. Al ser más ágil el cañonero español siempre se adelantaba a las maniobras del Yankee, cuando el crucero se ponía de costado el español le ofrecía la popa, y cuando el americano le enfilaba de proa, el español se ponía de costado. Así transcurrió una hora de fuego a diestro y siniestro en el que el Diego Velázquez encajó dos impactos que no supusieron más que algunos heridos leves y contusos, a cambio el Yankee fue alcanzado varias veces por la artillería española provocándole un incendio a popa y un herido grave, según versión americana.
   El Diego Velázquez combatió retirándose hacia puerto, ya que no podía medirse de igual a igual con tal enemigo, y cuando estuvo a resguardo de las baterías de costa el Yankee se retiró.
   Posteriormente el comandante americano, Willard H. Browson, informó que se había enfrentado al cañonero Galicia, de mucho mayor porte, al que según él había dejado muy mal parado y al que no pudo rematar por culpa de la mala visibilidad a causa el humo de los cañones, curioso.

"El Príncipe de Gravina"

   El Navío Príncipe de Asturias de 112 cañones (sobre artillado hasta 118 en ese momento), buque insignia de Gravina durante el Combate de Trafalgar a eso de las dos de la tarde, descerrajando una andanada completa contra el Revenge de 74 a la que el inglés no pudo responder debido a los terribles efectos que le provocó, teniendo que abandonar el combate por más de media hora. Por detrás del español aparece el Polyphemus de 64 después de haberse batido contra el francés Berwick de 74. Se pueden ver los desperfectos en las velas de los ingleses al haber sufrido el fuego aliado por más de veinte minutos en su maniobra de aproximación a la escuadra combinada. A esa hora el cielo se comenzaba a cerrar, preludio del temporal que azotó a ambas escuadras en los siguientes días.

"El orgullo de Guarnizo"

   Vista del Real Felipe por su costado de estribor navegando por la bahía de Santander entre la ciudad y el arenal de El Puntal.

   Fue el primer navío de primera clase que se botó en España en el S.XVIII, único del sistema Gaztañeta y planos de Ciprián Autrán con 114 cañones en tres puentes, y también único en su clase botado en el Real Astillero de Guarnizo. Se puso en grada en 1731 y su vida operativa transcurrió desde su botadura en 1732 hasta 1750, cuando se desguazó en Cartagena. Tendrían que transcurrir casi cuarenta años para que se decidiese la construcción de otro navío de primera clase, esta vez en el astillero de La Habana, fue el Santísima Trinidad que se botó en 1769.

 

 

“Navío Reina”
   Botado en La Habana en 1744, el Reina fue el clásico navío de línea de 70 cañones de la clase Gaztañeta, robusto y marinero. Heredó su nombre de otro navío de sus mismas características que se dio de baja el año anterior. Durante su dilatada vida operativa fue comandado por diversos oficiales de la Real Armada, destacando entre ellos Don Luis de Velasco e Isla, heroico defensor del Castillo de El Morro de La Habana durante la Guerra de los Siete Años contra los ingleses, donde encontró la muerte el 31 de julio de 1762. En esos momentos el Reina se encontraba en el Arsenal de La Habana siendo carenado en firme, cayendo por eso en manos del enemigo.
   Hay que decir en honor de los ingleses que durante muchos años cada vez que algún barco de la Royal Navy surcaba el Cantábrico por delante de Noja, localidad de nacimiento de Don Luis de Velasco, disparaban salvas de honor en memoria del comandante español recordando su heroica resistencia en La Habana.

“Fragata Santa Bárbara”
   Esta pequeña fragata de 24 cañones, botada en Guarnizo en 1768, fue la cuarta que llevó su nombre en la Real Armada. Su vida operativa es digna de mención pues fue una de las unidades más agresivas y exitosas que enarbolaron el pabellón real durante las guerras contra Inglaterra a lo largo del S.XVIII.
   Un vez rotas las hostilidades con la Gran Bretaña en 1779, en apoyo a los insurgentes de las trece colonias de Norteamérica, se aprestó la Santa Bárbara para misiones de patrulla y acoso a las unidades enemigas en el Estrecho de Gibraltar, desde su base en Cádiz. Así las cosas, el 26 de septiembre de 1780, la Santa Bárbara junto con la Asunción, se estrenó apresando una fragata y una urca que habían zarpado del peñón con destino a Inglaterra, siendo adentradas en el puerto de Algeciras unos días después.
   Al año siguiente, bajo el mando del capitán de fragata Don Ignacio María de Álava, navegando en conserva de una corbeta y dos balandras, capturó al cúter Colector, las fragatas Fanny y Sally, dos balandras corsarias, las 2nd Resolution y Speedwell, otra corbeta y la fragata Arlequina, esta última junto al navío San Isidro.
   Todas estas acciones tuvieron lugar entre octubre de 1780 y diciembre de 1781, permaneciendo en puerto apenas por cuarenta días. Realmente mantuvo durante ese período una actividad febril contra el enemigo.
   Posteriormente participó en apoyo de las baterías flotantes que bombardeaban Gibraltar.
   Fue dada de baja en 1794.

“Caza general”
   Uno de los mayores desastres navales que La Gran Bretaña ha sufrido a lo largo de la Historia a manos de la Real Armada fue la captura del gran convoy del 9 de agosto de 1780, durante la guerra de independencia de los EEUU.
   Alertado el Conde de Floridablanca, por los espías españoles en Inglaterra, de la partida de un doble convoy inglés destinado a reforzar a sus tropas en ultramar, se puso en aviso al General Don Luis de Córdoba que se mantenía en misión de vigilancia en el estrecho de Gibraltar, con una escuadra compuesta por 27 navíos de línea, 4 fragatas y otras unidades menores, y reforzado por otros 9 navíos y 1 fragata franceses.
   La escuadra combinada se adentró en el Atlántico en busca de tan suculenta presa, y el día 9 de agosto una fragata española localizó al convoy dando la alarma. Se contaron 58 velas, 55 de ellas transportes armados, casi todos fragatas (5 de ellas Indiamen), más una pequeña escolta compuesta por un navío de línea y dos fragatas, que se dieron a la fuga al ver lo que se les venía encima. El resto de los ingleses intentaron huir en desbandada, pero tras la orden de Córdoba de “caza general” fueron capturados uno a uno sin apenas hacer un disparo hasta caer la noche.
   En total se apresaron 52 barcos, a saber: las 5 Indiamen, 31 fragatas más, 10 bergantines y 6 paquebotes. Además se hicieron prisioneros a 1.350 marinos, 1.357 militares de infantería y 286 civiles. Así como un botín de 296 cañones, 80.000 mosquetes, 3.000 barriles de pólvora, equipación para 12 regimientos, ingentes provisiones de todo tipo para los ejércitos coloniales, y un millón de libras esterlinas en lingotes y monedas de oro. Como es lógico, al llegar a Londres la noticia del desastre, la bolsa cayó estrepitosamente provocando un perjuicio crucial en las finanzas que Gran Bretaña mantenía para sostener sus guerras en ultramar.
   Las cinco fragatas Indiamen capturadas pasaron a engrosar las filas de la Real Armada.

"Mexicano"

   El navío Mexicano de primera clase y 112 cañones, otro Romero de Landa, batiendo al Excellent inglés de 74 durante el Combate de San Vicente. Detrás de él vemos al Soberano y semitapada por el humo de sus cañones la enorme mole del Santísima Trinidad, cañoneándose  a su vez  con el Blenheim y el Prince George, fuera de la vista tapados por el Mexicano. A la derecha de la imagen y en último término navegan el San José y el San Nicolás, que serían capturados al final de la batalla.
   Este soberbio navío se construyó en el astillero de La Habana como donativo de los súbditos de Nueva España al rey Carlos III, de ahí su nombre.
   Su mayor protagonismo lo tuvo durante el Combate de San Vicente, ya que fue uno de los siete navíos españoles que sostuvieron el peso de la batalla demostrando su buena construcción en madera de cedro, así como el arrojo de su comandante, el brigadier Don Francisco de Herrera que murió durante la acción, y del resto de su dotación. Tuvo 72 bajas con 26 muertos y 46 heridos.

“Encuentro en el Paraná-Guazú”
   El 2 junio de 1807 se produjo en el río Paraná-Guazú un combate entre dos unidades menores españolas; la balandra mercante Mercedes (en primer término) artillada con dos cañones de a seis y comandada por su propietario Don Francisco de Castro, y el falucho San Antonio comandado por el alférez de navío Don Francisco Pareja también armado con dos cañones de a seis, con una goleta británica de 16 cañones llamada La Paz, anteriormente española y apresada durante la pérdida de Montevideo unos meses antes, que remontaba el río Guazú en busca de presas.
   Los barcos españoles se toparon con el inglés cuando estaban de patrulla y entablaron combate contra él. El resultado fue indeciso pues ambos bandos sufrieron mucho por el fuego contrario. La goleta se retiró acribillada, mientras que los barcos españoles, también muy castigados, tuvieron ocho heridos lamentando además la muerte de Pareja.
   Esta acción tuvo lugar durante las operaciones que comandó Don Santiago Liniers contra los ingleses en su invasión del Río de la Plata de 1807, y que terminaron con la derrota británica en su intento de tomar Buenos Aires el 5 de julio, así como la devolución de Montevideo y la culminación con éxito de todos los demás objetivos de la campaña.

“Recalada en Nutca”
   El 30 de julio de 1789 comienza en Cádiz la épica expedición de exploración científica comandada por el Brigadier Don Alejandro Malaspina.
   Para tal fin se habían construido dos corbetas especiales, la Descubierta, que comandaría el propio Malaspina, y la Atrevida gemela de la anterior, que quedaría bajo el mando de su amigo el Capitán de Navío Don José de Bustamante y Guerra.
   Así las cosas parten con destino a Montevideo haciendo escala en Canarias. De Montevideo zarpan hacia las Islas Malvinas y Patagonia, doblando el Cabo de Hornos para después visitar la isla de Chiloé, Talcahuano, las Islas Desventuradas, Valparaíso y El Callao, siguiendo después la costa hacia Guayaquil y Panamá, finalizando la primera parte del viaje en Acapulco en abril de 1791.
   Una vez en el puerto novohispano reciben el encargo de buscar el Paso del Noroeste, así que zarpan hacia Alaska sin encontrarlo. Ya de vuelta recalan en la base de San Lorenzo de Nutca, el puesto más septentrional del Imperio Español, situado en la actual isla de Vancouver, Canadá.
   Después de volver a Acapulco los dos barcos se adentraron en el Pacífico para explorar, juntas o por separado, las Islas Marshall, las Marianas,  Manila, las costas filipinas, Macao, Islas Célebes, Molucas, isla sur de Nueva Zelanda, Sidney, Tonga y vuelta a El Callao, desde donde iniciaron el viaje de regreso a España doblando el Cabo de Hornos, volviendo a las Malvinas, las Antillas del Sur y Montevideo.
   Llegaron a Cádiz el 21 de septiembre de 1794, con lo que el viaje duró cinco años y dos meses, aportando toda clase de conocimientos e información científica que desgraciadamente  fue arrumbada en el olvido, aunque mucho más tarde, ya en 1885, se le diera la importancia que merecía.
   La imagen representa el momento de la llegada de las dos corbetas a San Lorenzo de Nutca, puesto defendido por el Fuerte de San Miguel, guarnecido por la Compañía de Voluntarios Catalanes, como se aprecia por las barretinas en sus cabezas.
   En primer término tenemos a la Atrevida, y en último a la Descubierta que enarbola el gallardetón de brigadier en el tope del palo mayor. Estas corbetas se construyeron especialmente para la expedición científica presentando diferencias con respecto a otras de su clase, las portas para los cañones no alcanzan la aleta, siendo sustituidas por pequeños ventanucos de ventilación que oxigenaban las cámaras de oficiales y almacenamiento hechas para su misión a popa. Las troneras de los cañones llevan portas de madera, algo inusual en las corbetas o fragatas, y sobre la toldilla se construyó una cámara que no permitía la ubicación de la botavara.
   Años después, de vuelta al Virreinato del Río de la Plata, la Atrevida fue volada por su comandante, el teniente de navío Antonio Leal de Ibarra,  en la rada de Montevideo ante el asalto de los ingleses en la madrugada del 3 de febrero de 1807. Lo hizo para cubrir la retirada de los civiles, soldados y marinos que lograron eludir así la ocupación británica. La Descubierta estaba en ese momento destacada en Malvinas, bajo las órdenes del capitán de fragata Bernardo Bonavía (esta última información es por gentileza de Juan Carlos Luzuriaga, historiador naval, Montevideo).

"Captura en el Caribe"

   El navío San Juan Nepomuceno al costado de la fragata británica Clyde que se bate sin esperanza ante la superioridad de su oponente, al fondo el bergantín también llamado San Juan Nepomuceno vigila la acción después de haber contribuido en su persecución y alcance.
   El 14 de diciembre de 1781, en plena guerra de Independencia de los Estados Unidos contra Inglaterra, y después de zarpar de Puerto Rico el San Juan Nepomuceno capturó esta fragata británica y represó otra anteriormente norteamericana. No serían sus únicas presas pues al año siguiente, y tras la conquista de Pensacola, capturó otra fragata, la London.
   Como vemos en la imagen el navío luce el esquema de colores por entonces dominante en la Real Armada, así como el empleo de entena en lugar de botavara en el palo de mesana.

“San Juan Nepomuceno”
    Construido en los astilleros de Guarnizo bajo las especificaciones de Gautier, el  San Juan Nepomuceno fue y es uno de los navíos de línea españoles más conocidos debido a su épica resistencia durante el combate de Trafalgar. Su heroica última acción contra seis navíos enemigos fue comandada por el brigadier Don Cosme Damián Churruca que murió en su barco tras sufrir la amputación de una pierna por una bala de cañón.
    Pero antes de esto la vida operativa del San Juan estuvo llena de acciones y combates, navegando tanto en aguas europeas como americanas. Fue insignia de Don José Solano que mandó la escuadra que apoyó la reconquista de Pensacola durante la guerra de independencia de EEUU, o la captura de las fragatas británicas Clyde y London, así como multitud de misiones de escolta y transportes de todo tipo.
    Fue uno de los navíos mas veleros y de mejor andar de la Armada, siendo por esto destacado en descubierta en muchas ocasiones.
    En la imagen aparece enarbolando un gallardetón en el tope del palo mayor, significando que un brigadier o un capitán de navío no subordinado lo comanda, quizá Churruca.

“Conde de Regla”
   El navío de primera clase y 112 cañones Conde de Regla entrando en La Habana en cuyo arsenal fue botado el 4 de noviembre de 1787, en segundo término el castillo de El Morro.
   De excelentes características, como todos sus hermanos de la clase Santa Ana, tuvo un papel destacado durante el combate de San Vicente al intentar desorganizar la línea inglesa junto con el Príncipe de Asturias cañoneando al Orión, al Colossus, al Prince George y al Blenheim, después el Victory probó su hierro. Más tarde colaboraría en el rescate del Trinidad impidiendo que los ingleses lo capturaran. Tuvo 26 bajas, con 9 muertos y 17 heridos.
   El Conde de Regla  fue un regalo de Don Pedro Romero de Terreros, Conde de Regla, a Carlos lll. Noble onubense emigrado a Nueva España que llegó a ser el personaje más rico de su época, dueño de las minas de plata más importantes del virreinato.

"Ocaso en Ferrol"

   Navío de tercera clase y 74 cañones de encalmada en la ría de El Ferrol a las últimas luces del día. A la derecha vemos como una lancha se acerca por su aleta de estribor, mientras al otro lado de la imagen unas embarcaciones se dirigen a puerto aprovechando el escaso viento antes de que caiga la noche. Al fondo, señalada por el bauprés del navío, se adivina la imponente silueta del castillo de San Felipe.

“Lanchas cañoneras”
   Desde que el gran Antonio Barceló ideara las lanchas cañoneras durante el gran sitio de Gibraltar de 1779 nuestros enemigos tuvieron que tenerlas muy en cuenta ya que demostraron ser unas rivales formidables a pesar de su pequeño tamaño. Rápidas, maniobreras y armadas con un gran cañón de a 24 apuntando por la proa se revelaron de una eficacia en muchas ocasiones decisiva en combates cercanos a la costa, sobre todo con vientos suaves y en encalmadas ya que se desplazaban tanto a vela como a remo, atacando al enemigo desde sus ángulos muertos sin que éste pudiera responder a su certero fuego.
   La pintura representa una división de estas unidades navegando por la bahía de Algeciras para acosar a las posibles embarcaciones que quisiesen entrar o salir de Gibraltar. Eran pequeñas pero matonas y los ingleses las sufrieron durante los últimos lustros del S.XVIII y primeros años del XIX, hasta que en 1808 la Guerra de la Independencia hiciera que aliados y enemigos cambiaran de lugar.

"Honor a su nombre"

         Representación del último combate del navío Glorioso. Vemos al navío español batiéndose con el Russell inglés de tres puentes y 92 cañones, al fondo a la derecha  el Darmouth arde en llamas, mientras unas fragatas se mantienen apartadas de la acción después de haber recibido lo suyo.
   Verano de 1747, el navío Glorioso de 70 cañones parte de Veracruz con cuatro millones de pesos de plata y su comandante, Don Pedro Mesía de la Cerda, tiene órdenes de evitar a toda costa que caigan en manos de los ingleses y llegar a España con la preciada carga.
   El primer tramo de la travesía se realiza sin contratiempos, y el 25 de julio de 1747 se avistan las islas Azores. Sin embargo por la tarde aparecen un gran número de velas, revelándose como un convoy de doce mercantes ingleses protegidos por el navío Warwick de 60 cañones, la fragata Lark de 40 cañones, y el bergantín Montagu de 20. Inmediatamente los ingleses se lanzan a la caza del Glorioso hasta que cae la noche. En la madrugada del 26 comienza el cañoneo, el Glorioso primero se encarga del bergantín que pone en fuga tras unos cuantos cañonazos, seguidamente es la Lark con la que intercambia fuego dejándola fuera de combate en cinco minutos, después le toca el turno al Warwick al que, tras cinco horas de combate, deja sin mastelero de mayor y sin mastelero de juanete de proa. El inglés se retira y el navío español decide no rematarlo, siguiendo las órdenes recibidas pone rumbo al Este y contina hacia la península. Los daños sufridos pudieron ser reparados en la medida de lo posible en plena navegación.
   El 14 de agosto aparece a la vista el cabo Finisterre, a la vez que otra escuadra inglesa compuesta por el navío Oxford de 50 cañones, la fragata Soreham de 24 cañones y la balandra Falcon de 14. El Glorioso toma la iniciativa y navegando hacia ellos comienza el intercambio de disparos, de vuelta encontrada bate a las tres unidades enemigas por ambas bandas, luego se coloca a sotavento del navío y le bate con toda su artillería de babor, el inglés abandona el combate y se retira ignominiosamente, nuevamente el bravo navío hace que los ingleses prueben lo duro del hierro español.
   El 16 de agosto entra en Corcubión y cumpliendo con su misión desembarca el tesoro. Allí se dejaron a los heridos más graves y se avitualló de víveres y pertrechos, saliendo otra vez a la mar con rumbo a El Ferrol para terminar de reparar los daños sufridos en los dos combates, y reponer la munición gastada. Sin embargo un fuerte viento en contra obliga al Glorioso a arrumbar al sur, hacia Cádiz. Para evitar a los barcos enemigos que pululan por la zona desde los puertos portugueses, el Glorioso se aleja de la costa y navega hacia alta mar, describiendo un amplio arco.
   El 17 de octubre, al llegar al Cabo de San Vicente, se topa con una escuadra de corsarios británicos apodada The Royal Family por los nombres de los barcos que la componen. Son cuatro fragatas que en total montan 92 cañones, la King George, la Prince Frederick, la Prince George y la Duke, llevando en total 1000 hombres en sus dotaciones.
   El Glorioso sostiene tres horas de combate dejando a la King George desmantelada y a la Prince Frederick con serios daños, no obstante se les une un navío de 50 cañones, el Darmouth, que al poco de llegar salta por los aires fruto de un certero disparo del Glorioso que alcanzó su polvorín, salvándose sólo 14 hombres. Pero un nuevo refuerzo para los ingleses aparece en escena, nada menos que un navío de línea de tres puentes y 92 cañones, el Russell.  El Glorioso continúa valientemente el combate prolongándose hasta el amanecer del día siguiente. A estas alturas la munición está agotada, a perdido el mastelero de mayor y su aparejo ha desaparecido casi por completo, por lo que la defensa ya no es posible. Con 25 muertos, 105 heridos a bordo y la munición agotada, el comandante Pedro Mesía ordena arriar el pabellón real y rinde su barco. Presumiblemente, de haber tenido toda su munición, ya que zarpó de Corcubión con el sesenta por ciento de la necesaria, el navío español bien pudiera haber salido victorioso también de este tercer combate pues después se supo que en el Russell, tras casi siete horas de combate cerrado, y viendo que la voluntad combativa de los españoles no decaía, hubo un conato de motín que fue sofocado por los oficiales sables en mano. Además, el navío inglés quedó también en tan mal estado que estuvo a punto de irse a pique si no llega a ser por los denodados esfuerzos de los calafates a la hora de tapar los balazos a flor de agua causados por el Glorioso.
   El trato que tuvieron los marinos españoles fue correcto, siendo elogiado su valor.
   El Comandante Pedro Mesía y la tripulación fueron llevados a Lisboa, siendo puestos bajo la protección del embajador español, regresando a España posteriormente.
   En esta ocasión los ingleses no pudieron robar nada ya que el tesoro había quedado en Corcubión, sólo el navío pudieron aprovechar, pues fue marinado hasta Portsmouth después de habérsele arbolado y aparejado por completo en Lisboa, aunque nunca entró a engrosar las filas de la Royal Navy y fue subastado unos años después.
   El Rey premió y ascendió a Pedro Mesía de la Cerda a Jefe de Escuadra, así como a los supervivientes de la dotación, que por su valor y destreza se les proporcionó recompensas y ascensos.
   Para hacerse con el Glorioso los ingleses sufrieron la pérdida de un navío de línea, así como otros dos navíos seriamente dañados, tres fragatas desmanteladas, y otro navío, otra fragata y un bergantín con daños de consideración. No se tiene constancia del número exacto de bajas inglesas aunque sólo en el útimo combate los muertos ascendieron a 340 (286 en el Darmouth), de los heridos no se tiene información fiable, así como de las bajas en los tres combates previos.

“Balandra Atalaya”

   Cuadro que representa a una de las unidades de las llamadas fuerzas sutiles en las que se apoyó el resurgimiento de la, por entonces, deprimida Armada Española del primer tercio del S.XlX, hasta volver a ocupar un puesto destacado entre las armadas más importantes del mundo, de nuevo el tercero o cuarto según los autores, aunque esta vez a bastante distancia de las dos primeras, Gran Bretaña y Francia.

   La balandra Atalaya, armada con un cañón de a 18 y una carronada de a 24, tuvo una participación muy activa durante la Primera Guerra Carlista. Encuadrada en la flota comandada por el brigadier Melitón Pérez del Camino hizo labores de patrullaje por el Cantábrico y destacó en el bloqueo de las costas vascas.   En concreto patrulló por aguas de Pasajes para después tomar parte en acciones como el Primer Sitio de Bilbao en julio de 1835, el desembarco en la playa de La Antigua en San Sebastián bajo el mando del teniente de navío Don Ramón Ancha el 10 de febrero de 1836, el segundo y tercer Sitio de Bilbao en noviembre-diciembre de 1836, sobresaliendo al cañonear certeramente un foco de resistencia carlista en las canteras de Aspe el 3 de noviembre, y su participación en el desembarco de las fuerzas del brigadier Leopoldo O´Donnell en Ondárroa, Deva y Motrico el 5 de octubre de 1837.

"Zarpando de Guarnizo"   

   El Real Felipe recien artillado, con sus 114 cañones de buen hierro de La Cavada, deja por la popa la bahía de Santander y la isla de Mouro. Navega con viento de nordeste que le entra por el costado de estribor. A la izquierda de la imagen una fragata le acompaña, a la derecha una balandra sigue sus aguas.

"Combate a la misma vuelta"

   Encuentro entre una fragata española y otra británica que, a un cable de distancia, se cañonean navegando a la misma vuelta y con el viento de empopada.

“Salvas de saludo”

   Fragata portuguesa intercambiando salvas de saludo con el fuerte de la isla de Villegaignon en la bahía de Guanabara, a su arribada a Río de Janeiro, al fondo el Pan de Azúcar.

   He querido hacer un pequeño homenaje a la modesta armada de nuestros hermanos portugueses, que aunque pequeña con sus 14 navíos, 7 fragatas, y 20 corbetas y bergantines, mantuvo durante el S.XVlll un altísimo nivel en entrenamiento y pericia en sus marinos y tripulaciones, así como la calidad de sus buques. Tristemente, una vez entrado el S.XlX y tras la pérdida del Brasil, la marina de Portugal corrió la misma suerte que la española, viéndose abocada a la postración y el abandono durante demasiados años. ¡Viva Portugal!

"Reina Luisa"
   Considerado el mejor tres puentes de la Real Armada el Reina María Luisa fue en verdad un soberbio navío de primera clase y 112 cañones diseñado, como no, por el gran José Joaquín Romero y Fernández de Landa. Fue el más veloz y marinero de cuantos navíos de su clase alistó la Armada, como demostró el día 17 de enero de 1795 al dar caza y apresar, bajo el mando del General Lángara, a la fragata francesa de 32 cañones Iphigénie en las cercanías de la isla Dragonera.
   El cuadro representa ese suceso, viendo al Reina Luisa con insignia de Teniente General al costado de la Iphigénie, en último término se ve al navío Montañés que también participó en la acción.
   La fragata entró a formar parte de la Real Armada con el nombre de Efigenia.

 

"Alas y rastreras"

   Tres navíos de línea españoles, dos de primera clase y uno de segunda, navegando con poco viento ayudándose de las alas y las rastreras de babor del trinquete. En primer término vemos al Santísima Trinidad con insignia de Teniente General, a la derecha al Príncipe de Asturias (pintado según las ordenanzas), y a la izquierda otro navío sin identificar. Es el cuadro más grande que he pintado hasta el momento (81cmx65cm).

"Una Armada formidable"

   ¿Por qué he titulado de esta manera a esta escena? Pues porque a pesar de todos los problemas que tuvo nuestra sufrida armada y sus admirables marinos, creo que llegó a ser eso, formidable.

   Partiendo prácticamente de la nada a principios del S.XVIII llegó a ser en tiempos de Carlos III la segunda armada de guerra del mundo, y aunque poco antes de Trafalgar estaba ya corroída por toda clase de problemas, lo cierto es que seguía siendo una fuerza tenida en cuenta por todas las demás potencias de su tiempo, y qué mejor representante que mi querido, enorme, torpe y admirado Santísima Trinidad, navegando a primeras horas de la mañana, y comandando la escuadra que le acompaña, como no podía ser de otra manera.

"Santísima Trinidad, El Escorial de los mares"

   Nuestro gigante viene navegando con viento fresco que entra por su aleta de estribor haciendo que se escore ligeramente a babor, enarbolando insignia de Capitán General, como indica la bandera del tope del palo mayor.

   Versión del Santísima Trinidad, basándome en la maravillosa maqueta que Máximo Agudo ha realizado para su diorama de Trafalgar que tiene en su museo de Badajoz, y mi propio perfil de la página www.todoababor.es.

   He pintado la proa de negro, he puesto el refuerzo para la maniobra del ancla, y he prescindido de los dorados en el beque y el mascarón, pintándolos en blanco. Con respecto al mascarón he preferido continuar con el clásico león engallado, ya que, hablando con Juan Carlos Mejías, coincidí con él en que lo más seguro es que, principalmente por falta de presupuesto, no se cambiara el león por la alegoría sobre su nombre. Así que aquí está esta nueva visión del Trinidad, y no sé si va a ser la última.

"Proa a Las Indias"

   Pintura ambientada a finales del S.XVI o principios del S.XVII sobre un gran galeón español de cuatro palos (Trinquete, Mayor, Mesana y Buenaventura), enarbolando la enseña imperial que mejor representa el período de Los Austrias, la Cruz de San Andrés. Visto por su costado de babor, saliendo de la borrasca, navega hacia la puesta de sol, más allá América.

   El caso es que no me quedó más remedio que romper mi tónica y pintar un galeón si quería plasmar el pabellón que más tiempo ha representado a nuestra nación en el mar, la Cruz de San Andrés o de Borgoña.

   Si nos fijamos en las líneas del barco podemos observar que, al contrario de lo que sostienen los ingleses, que siempre han presumido de que sus barcos eran mejores que los nuestros, en realidad los galeones españoles eran los más avanzados, y su diseño el más estilizado y marinero. Debemos recordar que durante esa época los españoles éramos los que dominábamos el mar, organizábamos 2, 3 ó hasta 4 flotas de Indias al año. España era la única potencia en el mundo que tenía capacidad para hacerlo, por tanto es lógico pensar que los más avanzados en navegación y diseño de buques fuéramos nosotros y no ellos. Sólo a finales del S.XVII fue cuando la cosa cambió, sin embargo volvimos a tomar la delantera en la décade de los 80 del S.XVIII cuando aparecieron los navíos diseñados por Romero y Landa, y más tarde por Retamosa, considerados como los mejores de su tiempo.

"Una Marina, dos banderas"

   El 28 de mayo de 1785, por un Real Decreto de Carlos III, se cambió la bandera naval española por la actual roja y amarilla, por ser fácilmente distinguible a larga distancia, y evitar así problemas de identificación con otras marinas.

   En este cuadro he pintado a dos fragatas españolas navegando a la misma vuelta con sendas banderas, aunque en plena navegación no se enarbolaba el pabellón, sino que apenas se izaba el gallardete a modo de catavientos, en este caso la imagen lo requiere.

   No sé si se dio alguna vez esta circunstancia en el tiempo de cambio de enseña, pero me ha parecido bonito poner a una de las fragatas con el pabellón blanco, y a la otra, la que comanda la división, con la nueva bandera. En concreto la bandera blanca es la de diario, ya que en combate se izaba la de guerra, que llevaba el escudo real completo, y no sólo las armas de Castilla y León.


"Cabo Sicié"

   El 22 de febrero de 1744, enmarcado en la llamada "Guerra de la oreja de Jenkins", tuvo lugar el Combate del Cabo Sicié (o de Tolón, según los autores), entre una escuadra británica y otra franco-española. Esto último es un  decir porque la vanguardia y el centro franceses evitaron el combate, fuese porque Francia técnicamente aún no estaba en guerra con Gran Bretaña, o porque el octogenario almirante francés De Court de la Bruyere era un declarado antiespañol, el caso es que nos dejaron en la estacada.

   Se ha hablado mucho de la cacareada superioridad británica en asuntos navales, o de como se ufanan de que 15 navíos ingleses derrotaron a 27 españoles en el cabo de San Vicente (En realidad fueron 24, porque 3 fueron destacados hacia Cádiz como escolta de unos mercantes el día anterior). Pues bien, aquí nada menos que 32 navíos de la pérfida Albión no pudieron con 12 españoles, la mitad de ellos marchantes, es decir, mercantes artillados y aparejados como navíos de guerra. Además, les infligimos el doble de bajas que ellos a nosotros, unos 800 contra 400 de los nuestros.

   El cuadro representa el momento en el que el Namur insignia de Mathews, tres puentes y 90 cañones, tiene que retirarse machacado por el fuego del Real Felipe, insignia de Navarro y 110 cañones. Al tener que orzar para alejarse de la línea española ofreció su popa al Hércules (64 cañones), matalote de popa del Real Felipe, momento que aprovechó para descerrajarle toda una andanada que atravesó su espejo provocando un infierno en el interior del navío inglés.

   32 contra 12, y no pudieron con nosotros, ¡Toma ya!.

  

"El San José"

   El navío de primera clase y 112 cañones San José fue el quinto navío de esta categoría que fue alistado durante el S.XVIII por la Real Armada. Construido en El Ferrol en 1783 y diseñado por Gautier, se siguieron los planos del Purísima Concepción, pero a diferencia de aquel, resultó ser un barco magnífico. Fue capturado por los británicos durante la batalla del Cabo de San Vicente, y el propio Nelson izó su insignia en el navío español. Aquí lo vemos por su amura de estribor acompañado de otros barcos. Luce uno de los esquemas de color que se usaron en la Real Armada, costado en amarillo-ocre único, desde las mesas de guarnición hasta las batiportas inferiores de la batería principal. Este esquema se abandonaría posteriormente por el clásico negro con las baterías en amarillo.

"Presa en el estrecho"

   Pequeño cuadrito que representa a una fragata española que ha apresado a una corbeta británica en aguas del estrecho de Gibraltar. Vemos a la corbeta desarbolada, rendida y con nuestro pabellón sobre la bandera británica, al fondo a la izquierda de la imagen se ve la silueta del peñón.

"El Rayo"

     El navío Rayo ya remontado de 80 a 100 cañones, convertido en un primera clase. Recién fondeado en la bahía de Cádiz recoge velas descansando con la sobremesana dada para que el navío se mantenga proa al viento, desestibando una de las lanchas del combés para dejarla en el agua, vemos que las portas de la banda de babor están cerradas para facilitar la maniobra. A la derecha de la imagen una balandra se acerca, y a la izquierda un bergantín holandés encara la bocana de la bahía, detrás de éste aparece la ciudad mientras otras embarcaciones pululan por la bahía gaditana.

"Entrando en la tormenta"

   El Trinidad, iluminado por uno de los últimos rayos de luz del día, acortando trapo ante la noche tormentosa que se avecina, navega con las gavias arrizadas, la trinquete y el contrafoque, con el viento de empopada e hincando el tajamar en el agua.

"Volando a Haití"

   Este cuadro ilustra la gesta que en 1801 hicieron Don Cayetano Valdés y Federico Gravina, que turnándose en el mando del gobierno del navío Neptuno de 80 cañones, y uno de los navíos más veleros de la flota, partió de Brest junto con una escuadra franco-española para ayudar a sofocar una rebelión en Haití. A poco de zarpar se vio que el navío estaba en tan mal estado que por la cantidad de agua que embarcaba corría el riesgo de irse a pique durante la singladura, así que Gravina ordeno dejar la escuadra y arribar a El Ferrol para reparar. Bajo su supervisión se consiguió tener listo el navío en 15 días, zarpando de inmediato. Durante la travesía ambos comandantes se turnaron día y noche en el comando del barco, consiguiendo completar el viaje en 19 días hasta La Española, adelantando a la escuadra combinada y dejando boquiebiertos a los oficiales de la misma cuando al llegar a su destino vieron al navío español ya fondeado.

"Trafalgar"

   El cuadro describe el momento en el que el Victory pasa por la popa del Bucentaure, insignia del nefasto Villenueve, haciendo fuego sobre él y barriéndolo a todo lo largo. En primer término el Santísima Trinidad, en facha para cerra el hueco con su matalote francés, dispara a los navíos ingleses (fuera de la imagen) que siguen las aguas de Nelson. El Temeraire de 98 cañones pasa por estribor del Victory dirigiéndose directo al Redoutable que se intuye entre el Trinidad y el Bucentaure. Más a la izquierda, sotaventado navega el Neptune francés de 80 cañones, y en últímo término una fragata de señales.

"En facha y combatiendo"

   Una escena ficticia. Se trata de una fragata española, detenida con la arboladura en facha y movida por el oleaje, mostrándonos su pantoque forrado de cobre mientras cañonea a otra británica que se resiste a arriar su bandera, a pesar del castigo que está recibiendo.

   Este cuadro lo pinté como desquite personal frente a un documental inglés sobre Trafalgar lleno de tópicos, falsedades, y prejuicios contra los españoles. Lo malo es que esos tópicos negativos han calado, incluso en nuestro país, los ingleses son maestros en distorsionar la Historia en su favor, lo triste es que la opinión general en España traga con ello. Yo no, así que pinté esta escena y me quedé tan pancho. Bonito, ¿no?.

"140 cañones"

   El Santísima Trinidad haciendo las pruebas de mar después de sus reparaciones y embono que le fueron efectuadas, por los daños sufridos en el combate de San Vicente, en el arsenal de La Carraca, Cádiz. Lo vemos con casi todo el trapo dado recibiendo viento moderado por el través de estribor. A unos cuatro cables un dos puentes le acompaña, y a lo lejos por su popa se adivina la silueta de Cádiz.

   El Trinidad fue el mayor navío de línea de su tiempo, el único que montó la cantidad de 140 cañones, después de que se le corrieran las andanas de cubierta, y se le colocaran cuatro obuses en la toldilla. Desde fuera se le veía como un navío de cuatro puentes, de ahí que se le califique como tal, aunque en realidad no lo fuera.

"De vuelta encontrada"

   Un pequeño navío español de 64 cañones navegando de bolina y de vuelta encontrada con un 74 cañones británco. Vemos que, según el color azul de la grímpola del trinquete, el español pertenece a la base de El Ferrol, mientras que el inglés enarbola un gallardetón en el tope del mesana, indicando que un comodoro está a bordo. Me he tomado la libertad de pintarlos asomando la artillería, como si ambos comandantes no se fiaran de las intenciones de su oponente, aún estando en tiempos de paz.

   Recordemos que los ingleses, aún en paz con España, en muchas ocasiones nos atacaban para ver si podían sacar provecho económico, sabedores de los cargamentos de oro y plata que los barcos españoles solían transportar desde las colonias. Tienen el gen pirata dentro, qué le vamos a hacer.

"Extraños aliados"

   En primer plano tenemos al navío de 112 cañones San Hermenegildo, navegando por aguas de Tolón con otros buques británicos, durante la guerra que ambas potencias mantuvieron desde 1793 hasta 1796 contra la Francia revolucionaria, haciendo aliados a dos países tradicionalmente enemigos.

"¡Victoria!"

   Escena imaginaria hecha por encargo. Un combate singular de estas características y resultado nunca ocurrió, pero me divertí mucho pintándolo, y me quedé muy a gusto. ¡Jejeje!

"El descanso del coloso"

   El Santísima Trinidad visto por su amura de babor, fondeado con todo el trapo recogido, y enarbolando insignia de jefe de escuadra.

   Este cuadro está expuesto en el Museo de La Real Fábrica de Artillería de La Cavada, en Riotuerto, Cantabria.

"¡Bravo por el Montañés!"

   Otro ejemplo de las grandes gestas individuales de los marinos españoles.

   El 30 de marzo de 1795, durante la guerra de los Pirineos contra Francia, el navío español Montañés de 74 cañones, fue sorprendido por una división francesa mientras navegaba entre Baleares y la península, compuesta por ocho navíos (uno de ellos de primera clase) y dos fragatas. El Montañés, bajo el mando del Capitán de Navío Don José Jordán, tuvo que refugiarse en el puerto de San Feliú de Guixols donde se acoderó, ofreciendo su costado al enemigo. Después de más de dos horas de combate los franceses tuvieron que retirarse sin poder hacerse con el navío español. ¡Bravo por el Montañés!.

"Bandera de corso"

   Aquí he querido representar una escena que se repitió innumerables veces durante el siglo XVIII, un corsario español, un bergantín, enarbolando la bandera de corso de mediados de siglo, a la caza de un barco enemigo, por supuesto inglés.

   Cuando las potencias marítimas se declaraban la guerra, todo aquel propietario de algún barco podía solicitar al rey una patente de corso. Esto consistía en un documento por el cual se concedía la licencia para atacar y apresar a cuantos barcos de ese país enemigo quisiese, y no fuese condenado por piratería en caso de ser a su vez apresado. Era un negocio muy lucrativo, a cambio el corsario debía entregar a las arcas reales un porcentaje de lo coseguido, que podía llegar al 50%. Aún así las ganancias podían llegar a ser inmensas.

"En alta mar"

   Una escuadra española navegando con un primera clase en primer término, cortando el agua con su tajamar, y mostrándonos el mascarón reglamentario de la Real Armada, el león engallado.

"El Real Carlos"

   El Real Carlos, otro de los Meregildos de la clase Santa Ana, un poderoso primera clase de 112 cañones. Lo vemos por su aleta de estribor zarpando de la bahía de Algeciras. En último término, detrás de la balandra mercante, distinguimos Gibraltar.

El Real Carlos desapareció trágicamente junto con su hermano el San Hermenegildo en medio de una gran explosión, cuando por error se cañonearon entre ellos al suponerse enemigos, la noche siguiente al combate de Brión. Entre ambos barcos perecieron casi 1.700 hombres.

"Finisterre"

   El navío Argonauta de 80 cañones, enarbolando la insignia de Gravina durante el combate de Finisterre, la denominada "Batalla de la niebla", encabezando la línea de combate aliada, cañoneándose con el Hero británico, a su vez cabeza de su línea. Tras el español vemos a su matalote de popa, el Terrible, y detrás de éste al resto de la vanguardia  perdiéndose en la niebla.

   En este combate el peso de la acción lo llevo la vanguardia española, contra la que los ingleses concentraron su fuego. El comandante francés Villenueve (conocido incompetente) se negó a socorrer a Gravina, por lo que los ingleses consiguieron apresarnos dos navíos de los seis con los que contábamos. En descargo del resto de los franceses hay que decir que muchos de los capitanes escribieron cartas de protesta a Napoleón por la inacción de su jefe, provocando que el emperador empezase a barajar su destitución, y diciéndole que tomase ejemplo de los españoles pues habían luchado como leones.

   Terrible presagio de Trafalgar.

"Real Felipe"

   El Real Felipe fue el primer navío de línea de primera clase que se contruyó en España durante el S.XVIII. Botado en 1732 en Guarnizo con tres cubiertas y 114 cañones, fue el único de su clase, y el protagonista principar del combate del Cabo Sicié, después del cuál tuvo que ser remolcado hasta Cartagena para no navegar nunca más. Fue desguazado en 1750, 18 años después de su botadura.

"Purísima Concepción"

   Bañados por el sol de la mañana descansan dos de los mayores navíos del mundo, el Concepción y el Trinidad, quizá en El Ferrol, esto lo dejo a gusto de cada uno. El Purísima Concepción podía montar 120 cañones después de que Gautier lo reformara abriéndole 8 portas más de las 112 que llevaba originalmente.

   No fue un barco fuera de lo común, pesado, lento, y difícil de gobernar, pero sólo su presencia debía infundir en sus rivales un respeto acorde con su potencia.

"Santísima Trinidad"

   Aquí tenemos al Santísima Trinidad visto por la amura de estribor mostrando su decoración final, navegando con las gavias y el contrafoque, enarbolando insignia de teniente general, y acompañado de un bergantín.

   Debido a que no se sabe con certeza el aspecto real que este navío tenía, es blanco de toda clase especulaciones, sin embargo esto mismo le da un caracter romántico que de otra forma no tendría. Aún así, por las descripciones que de él hicieron sus contemporaneos, podemos hacernos una idea muy aproximada.

"Príncipe de Asturias"

   El Príncipe de Asturias, pintado según la descripción que hicieron de él los ingleses en Trafalgar, en rojo con dos delgadas franjas negras para definir las andanas. Al fondo un dos puentes sigue su derrota. La costa podría ser la de Cartagena.

   El color rojo de nuestro magnífico Príncipe es algo que me chirría, aunque en el sentido descriptivo los ingleses suelen ser bastante de fiar (no en otros aspectos) cabe la posibilidad de que fuese confundido con el Trinidad, que sí iba de rojo, aunque ambos navíos combatieron a mucha distancia el uno del otro durante ese combate.

"Stuart contra Nelson"

   Aquí tenemos a la fragata española Santa Sabina, mandada por Don Jacobo Stuart, combatiendo contra la Minerve de Nelson en la acción que tuvo lugar el 19 de diciembre de 1796 en las proximidades de Cartagena.

   Dos fragatas españolas se enfrentaron a dos inglesas, esta división enemiga iba comandada por Horatio Nelson, el cual y después de un durísimo enfrentamiento, consiguió apresar a la Santa Sabina, pero se vio forzado a abandonar su presa con su trozo de abordaje, por la llegada del navío Príncipe de Asturias y dos fragatas más, que habían salido de Cartagena alarmados por el sonido del cañoneo. Ésta no fue la única derrota de Nelson contra nosotros.

"Navegando hacia Poniente"

   El San Juan Nepomuceno, de la clase Gautier, botado en el astillero de Guarnizo, junto con una fragata (izquierda) y dos navíos más. A éstos, por estar más alejados, no se les distingue bien, pero el más próximo, un primera clase, bien podría ser, por su costado rojo, el Príncipe de Asturias, siguiendo la descripción inglesa de este navío en Trafalgar.

"Jorrando una presa"

   Navío español de tercera clase en la época en que aún no se había efectuado el cambio de pabellón (la bandera es la blanca de los borbones, que en 1785 se cambiaría en la Real Armada por la actual roja y amarilla), lo vemos jorrando (remolcando) una presa, una gran fragata británica. Como vemos el navío español va pintado con uno de los esquemas de mediados del S.XVIII, batería principal en negro, y el resto de la obra muerta en amarillo.

"Argonauta"

   Navío de 80 cañones Argonauta último de su clase en ser construido en España. Aquí lo vemos batiendo a los ingleses durante su última acción, en un momento al principio del combate de Trafalgar. Más tarde sería apresado, incendiado y hundido por los ingleses ante la posibilidad de que los españoles lo represaran.

"El Trinidad y compañía"

   El Santísima Trinidad visto por su través, acompañado de la escuadra. Algo así debía ser su imponente aspecto durante la época entre San Vicente y Trafalgar. Recordemos que fue pintado de rojo y negro después de ser reparado y remontado a 140 cañones tras el castigo que recibió durante el combate de San Vicente.

   Es curioso pero a cerca de este cuadro tengo que contar que fue empleado para hacer un gran mural con el que adornaron los actos conmemorativos del segundo centenario de la Batalla de Trafalgar, y me quedé pasmado cuando vi una foto en internet del señor Bono, entonces Ministro de Defensa, dando un discurso con mi cuadro detrás de él. Quiero decir que nunca me pidieron permiso, ni me comunicaron nada, ni figuró mi nombre por ningún lado. Se me ocurre que al menos podrían haberme invitado al acto, vamos digo yo.

"Aquí viene el Santa Ana"

   El Santa Ana fue un magnífico navío de línea de primera clase y 112 cañones, diseñado por Romero de Landa. Aquí lo vemos por la amura de babor, navegando a un largo, y recién pintado según las ordenanzas de la época, en negro con franjas amarillas.

"Ciñendo"

   Corbeta española navegando de bolina.

"Glorioso"

   El cuadro representa el combate que sostuvo este navío contra el navío Warwich y la fragata Lark a los que desarboló el 25 de julio de 1747 a la altura de las Azores. Seguidamente, ya junto a las costas de Finisterre, se enfrentó a otro navío y dos fragatas inglesas a los que volvió a rechazar, consiguiendo llegar a Corcubión y descargar el tesoro que transportaba. Al bajar hacia Cadiz, y a la altura del cabo de San Vicente, sostuvo otro combate con más unidades inglesas a las que mantuvo a raya hasta que, sin munición, tuvo que rendirse, aunque antes hizo volar por los aires al navío inglés Darmoth.

¡Fantásticos nuestros muchachos!

"Buque Insignia"

   El Santísima Trinidad visto por la aleta de babor, con insignia de Jefe de Escuadra, fondeado en puerto después de haber sido remontado a 140 cañones con sus cuatro andanas completas, y sus costados pintados en rojo y negro.

"Fragata"

   Fragata española vista por su costado de babor, navegando durante un temporal con las gavias arrizadas.

"Duelo de fragatas"

   Dos fragatas, una española y otra británica, se cañonean al cruzarse de vuelta encontrada.

"Corbeta"

   Corbeta española vista por la popa navegando con marejada.